Resulta sorprendente lo que han logrado los juveniles de Boca Juniors en los últimos días.
Entre el martes y el jueves, y en menos de 48 horas, Boca metió 8 goles, a razón de uno cada seis horas. Le clavó 4 al campeón de América (diezmado, sin algunos de sus titulares lo que ustedes quieran. Pero sigue siendo el campeón de América), o otros tantos en el 4 a 2 a Newell´s, un equipo que si bien lucha por no descender, ha demostrado en los últimos tiempos una evidente mejoría en su sistema de juego, y que ayer jugó un partido muy interesante a pesar de la derrota.
La razón de esta catarata de gritos xeneizes se debe a una sencilla razón. Su técnico Carlos Ischia apostó a los juveniles del club, y éstos le están pagando de la mejor manera: con fútbol asociado, goles y alegrías.
Gracias a ellos, Boca viajará a Quito con una ventaja casi irreversible de cara a los cuartos de final de la Sudamericana, y quedó a dos puntos de San Lorenzo, en el Torneo Apertura.
Pero más allá de las ganas, hay al menos dos futbolistas que, a simple vista, se destacan y que tienen futuro de crack: Forlín y Gaitán.
El primero demostró una sobriedad y una presencia asombrosa, a pesar de su corta edad. Sólo lo delata su cara de nene, porque por todo lo demás, parece un veterano. Lo más parecido a Juan Ernesto Simón, aquel zaguero tan limpio como eficaz, que , curiosamente, debutó en Newell´s y se retiró en Boca. Y además, exhibió que también sabe cabecear a los Ruggeri en el área rival, y clavar el primer gol en la noche copera.
El segundo está tocado por la varita mágica. Es de la raza de los La Paglia, Riquelme, Aimar, D´Alessandro, Messi, Buonanotte, Romagnoli y tantos más. El tiempo dirá hasta dónde llegarán sus actuales promesas de “elegido”. Sin embargo, sus definiciones ante la LDU y Newell´s evidencian su enorme capacidad y habilidad con la pelota dominada.
Chicos como ellos y como Noir, Viatri, Philippe, Mouche (otro gran jugador), el arquero García y Roncaglia, entre tantos más, pueden seguir dándole grandes satisfacciones a Boca y, por qué no en algunos años, a la Selección Argentina.
Claro que para que ellos demuestren sus cualidades, debe haber en el club un técnico como Ischia, que se fija en las inferiores del club y las exprime al máximo.
Los pibes de Boca demostraron ayer por la tarde en Rosario, que lo del martes en la Bombonera no fue casualidad. Y los grandes, se acoplaron de manera perfecta a sus jóvenes ilusiones. El triunfo es un premio a ese trabajo asociado, si bien termina siendo una anécdota porque parecía que el 2 a 2 era inamovible.
La aparición de estos pibes permite volver a soñar ocn un fútbol mejor, con un fútbol más ligado al espectáculo, y alejado del resultadismo barato.
Que siga así.








A pesar de esto, parece que están por traer a Luciano Figueroa… no me parece mal, ya que Boca juega a todo y a Martín le faltan varios meses.
Igual se que Ischia va a seguir rotando a estos pichones hermosos, y esta bien que asi sea porque no hace bien tirarles TODA la responsabilidad a los chicos.
Beso!
Andres
Que no nos gane la desesperación! Los pibes son muy buenos, pero hay que darles tiempo! Si los empezamos a presionar y a exigir resultados, nos podemos perder una gran oportunidad. Ojalá podamos festejar un título este año con estos jugadores!!!
Pablo, a veces te comportás como si fueras periodista de Olé. Al pibe Forlín cuántas veces lo viste jugar para hacer tantas aseveraciones? Pudo haber tenido una gran noche y todo salirle bien, pero de ahí a compararlo con Simón y Ruggeri… vamos…
Pablo, hablando con mi viejo de esta situación yo hice le hice un comentario acerca de que gran parte del mérito lo tenía Ischia por ponerlos y bancarlos (a los “pibes”). Él (con 62 años) me dijo: “Todo lo que quieras, pero el tipo pone a los pibes 2 veces, cada vez que entran hacen de a 4 goles, entonces se reúnen los “viejos” para decir “tenemos que empezar a correr en serio porque estos pibes nos dejan mal parados”.
Y me dejó pensando en cómo, además de bancarlos, puede hacer que su presencia (la de los “pibes”, obvio) potencie la de los más grandes, que venían trastabillando antes.
Saludos
Santo